Seguridad en el uso de los aceites esenciales (parte 1)

Los aceites esenciales pueden acompañarnos de muchas maneras: en un masaje, en un preparado cosmético, a través de la inhalación o como parte de un ritual cotidiano. Pero hay algo que no deberíamos perder de vista:

que un producto sea natural no significa que sea inocuo.



Los aceites esenciales son sustancias muy concentradas, con componentes químicos capaces de producir efectos en nuestro organismo.

Y así como esa composición es la que nos interesa cuando hablamos de sus propiedades, también es la que tenemos que conocer cuando hablamos de seguridad.


En redes sociales vemos recomendaciones, recetas, mezclas y formas de uso que se comparten con mucha facilidad.

A veces se omiten datos importantes; otras, se presenta como universal una recomendación que no sirve para todas las personas ni para todos los aceites.


Por eso, quiero compartirte algunas reglas fundamentales para que puedas acercarte a la aromaterapia con información, responsabilidad y respeto por tu propia salud.



1. Natural no es sinónimo de inocuo

Esta es una de las primeras ideas que necesitamos revisar.

Los aceites esenciales contienen sustancias químicas naturales, pero eso no significa que puedan utilizarse de cualquier manera.

Según su composición, un aceite puede irritar la piel, provocar una reacción alérgica, generar toxicidad o presentar contraindicaciones en determinadas situaciones.

La seguridad no depende solamente de que el aceite sea auténtico o de buena calidad. También depende de cuál elegimos, cuánto usamos, cómo lo aplicamos, durante cuánto tiempo y quién lo va a utilizar.

No alcanza con saber de qué planta proviene un aceite esencial. Necesitamos conocer sus características y sus precauciones de uso.



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2. No apliques aceites esenciales puros sobre la piel como si nada

La aplicación directa, sin diluir, es una práctica que todavía aparece con frecuencia en las redes.

Sin embargo, muchos aceites esenciales pueden provocar irritación o sensibilización cuando se aplican puros. La sensibilización es especialmente importante porque una reacción alérgica puede aparecer después de exposiciones previas y obligarnos a evitar ese aceite en el futuro.

Para la aplicación cutánea, generalmente necesitamos diluir los aceites esenciales en un vehículo adecuado, como un aceite vegetal o alcohol.


¿Y cuánto hay que diluirlos?

No existe un porcentaje único que sirva para todas las situaciones. La concentración depende del aceite esencial, de la zona de aplicación, del propósito del preparado y de las características de la persona. No es lo mismo formular un producto para una zona pequeña que uno destinado a una superficie corporal extensa.


La cantidad de gotas que ves en una receta no alcanza para saber si una preparación es segura. También necesitás conocer la cantidad total del producto, la concentración final y el uso para el que fue formulado.




3. No agregues aceites esenciales al agua para ingerirlos

Que un aceite esencial tenga aroma agradable, provenga de una planta utilizada tradicionalmente o se comercialice como natural no significa que sea seguro tomarlo.

Además, los aceites esenciales no se disuelven en agua. Si agregás unas gotas a un vaso, pueden quedar concentradas en pequeñas gotas que entran en contacto con la mucosa de la boca y del aparato digestivo.

La ingestión puede provocar efectos adversos y algunos aceites presentan riesgos importantes si se ingieren.

Por eso, no recomiendo tomarlos por cuenta propia ni seguir recetas de redes sociales que indiquen agregarlos al agua, al té o a otras bebidas.


Que determinados componentes aromáticos se utilicen en alimentos bajo condiciones reguladas no significa que sea equivalente ingerir un aceite esencial concentrado.

En aromaterapia, es importante prestar atencion a la vía de administración. Y la vía oral requiere conocimientos específicos y una evaluación profesional apropiada; no es una práctica para experimentar en casa.



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4. Los aceites esenciales no se mezclan directamente con el agua del baño

¿Alguna vez viste una receta que propone agregar unas gotas de aceite esencial a la bañera?

Hay un detalle que suele pasarse por alto: los aceites esenciales no se dispersan adecuadamente en el agua por el simple hecho de mezclarlos con ella.

Esto significa que pueden quedar gotas concentradas sobre la superficie y entrar en contacto directo con la piel. El agua caliente no resuelve ese problema.

Si se van a utilizar aceites esenciales en el baño, es necesario emplear algo en lo que los aceites esenciales puedan diluirse y luego eso pueda diluirse en el agua.

No todas las recetas que parecen sencillas lo son desde el punto de vista de la formulación.





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5. No todos los aceites esenciales son adecuados para todas las personas

La edad, el estado de salud, la sensibilidad individual, el embarazo, la lactancia y determinados tratamientos médicos pueden modificar las precauciones necesarias.

Los bebés y los niños requieren especial cuidado porque no tienen las mismas características fisiológicas que una persona adulta. Tampoco corresponde trasladarles automáticamente las recetas, concentraciones o formas de aplicación que se utilizan con adultos.

En personas con asma, epilepsia, alergias, enfermedades crónicas o tratamientos farmacológicos, es importante evaluar las posibles contraindicaciones y consultar con un profesional sanitario cuando corresponda.

Esto no significa que todas estas situaciones impliquen las mismas restricciones ni que todos los aceites estén contraindicados.

Significa que no podemos recomendar un aceite esencial sin considerar a la persona que lo va a utilizar.

La pregunta no es solamente qué aceite podría servir, sino también si es apropiado para esa persona, en esa situación y por esa vía de aplicación.




6. Cuidado con los aceites esenciales fotosensibilizantes

Algunos aceites esenciales, especialmente determinados aceites cítricos obtenidos por expresión, pueden contener sustancias que aumentan la sensibilidad de la piel a la radiación ultravioleta.

Cuando se aplican sobre la piel en concentraciones inadecuadas y luego esa zona se expone al sol o a otras fuentes de radiación UV, pueden provocar reacciones como enrojecimiento, inflamación y lesiones similares a una quemadura.

Pero hay un punto importante: no todos los aceites cítricos tienen el mismo riesgo. La especie botánica, la parte de la planta, el método de extracción y el procesamiento del aceite modifican sus características.

Por eso, antes de incluir un aceite esencial en una preparación de uso cutáneo, es necesario comprobar si presenta riesgo de fototoxicidad y respetar los límites de concentración y las precauciones correspondientes.

No alcanza con leer «limón» o «bergamota» en una etiqueta. Hay que saber qué aceite se está utilizando y qué características tiene.




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