Todos, en algún momento, nos hicimos la misma pregunta:
¿Qué puedo tomar para esto que me pasa?
Y casi nunca nos hacemos otras.
¿Qué está intentando decirme mi cuerpo?
¿Cuándo empezó este malestar?
¿Qué cambió en mi vida?
¿Qué necesito, además de un producto?
Muchas veces una herramienta puede ser de gran ayuda. Pero suele ser el final del camino, no el principio.
Antes de buscar una respuesta, quizás necesitamos detenernos un momento.
Detenernos para escucharnos.
Para observar nuestro cuerpo.
Para reconocer nuestras emociones.
Porque muchas veces un síntoma aparece para decirnos algo que todavía no estamos pudiendo ver.
Nos enseñaron a buscar respuestas rápidas
Desde chicos aprendimos a calmar los dolores con un remedio.
Un mejoralito.
Una aspirina.
Un ibuprofeno.
Crecimos creyendo que el dolor era algo que había que hacer desaparecer cuanto antes.
Pocas veces nos enseñaron que también podía ser un mensaje.
Que el cuerpo tiene su propio lenguaje.
Que, antes de intentar silenciar un síntoma, quizás vale la pena preguntarnos qué intenta mostrarnos.
Desde hace un tiempo vengo pensando que la enfermedad puede convertirse en una gran maestra.
Porque nos conecta con nuestra vulnerabilidad.
Y también nos recuerda que somos humanos.
No estoy diciendo que dejemos de tomar medicamentos.
Sería irresponsable decir algo así.
Hay situaciones en las que un medicamento es necesario y puede marcar una enorme diferencia.
Lo que sí creo es que muchas veces nos automedicamos sin detenernos a comprender qué nos está pasando realmente.
El verdadero cambio empieza antes
Antes de tomar cualquier decisión, me parece importante entender qué queremos lograr.
Hay momentos en los que un medicamento es indispensable.
Hay otros en los que una herramienta natural puede acompañar muy bien el proceso.
Y también existen situaciones en las que quizás lo primero no sea tomar algo, sino hacerse una pregunta.
¿Qué mensaje me trae este dolor?
¿Qué necesita hoy mi cuerpo?
¿Qué podría cambiar en mi vida para sentirme mejor?
Con el tiempo descubrí que muchas de las molestias que atravesamos también tienen un componente emocional.
Por eso, además de aliviar el síntoma, me parece importante comprender qué está pasando en nuestra vida.
Cuando aprendemos a observarnos con más atención, muchas veces empezamos a tomar decisiones diferentes.
Y eso cambia mucho más que un síntoma puntual.
¿Dónde encaja la aromaterapia en todo esto?
Amo la aromaterapia.
Hace más de veinticinco años que forma parte de mi vida y seguirá siendo así.
Pero nunca creí que un aceite esencial resolviera todo.
Siempre lo vi como una herramienta dentro de una mirada mucho más amplia.
Vivo rodeada de aceites esenciales.
Los formulo.
Los enseño.
Los disfruto.
Y, sin embargo, no los uso para todo.
Con el tiempo aprendí que la mejor herramienta sigue siendo observar qué necesito en cada momento.
Hay días en los que mi cuerpo necesita un aceite esencial.
Otros en los que necesita descanso.
Una conversación.
Movimiento.
Silencio.
O simplemente tiempo.
Entonces...
No es mi intención enseñarte solamente qué aceite usar.
Quiero ayudarte a observar.
A comprender.
A hacer mejores preguntas.
A tomar decisiones con mayor conciencia.
Porque cuando cambia la forma en que decidimos cuidar nuestra salud, cambia mucho más que una elección puntual.
Antes de irte...
La próxima vez que aparezca una molestia, además de preguntarte qué tomar, probá hacerte otra pregunta:
¿Qué necesita realmente mi cuerpo en este momento?
Si este artículo te dejó pensando o sentís que es momento de empezar a mirar tu salud de otra manera, me encantará seguir la conversación.
En Vibraesencia creemos que las mejores decisiones nacen del conocimiento, la observación y la confianza en una misma.